Dra. Mª Isabel Navarro


- Psicoterapia positiva -

Doctora en Medicina | Doctorado en Salud Comunitaria: “Psicología de la Salud” | Master en Gerontología y Salud
Psicoterapia Positiva / Psicoanálisis / Trastornos del Sueño / Hipnosis Clínica / Coach Personal (Entrenadora personal de vida)
     (Colegiado nº: 03030-7445)
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Los niños ante una separación

Pautas que pueden ayudarnos con los niños ante una separación:

Cuanto más pequeño es el niño, mejor podrá afrontar la separación de sus padres, lo normal es que en cualquier caso si la situación es propicia, al cabo de unos meses, estará razonablemente adaptado a la nueva situación.

Cuanto menos se haya deteriorado la relación entre los padres, mucho mejor para los niños. Cuando las cosas están claras, cuanto antes se lleve a efecto la separación, mejor y menos sufrimiento para todos.

Es importante que ambos progenitores expliquen a sus hijos, con calma y de forma pausada, sin escenas dramáticas, que a partir de ahora las cosas van a ser distintas en cuanto a la convivencia familiar, si bien dándoles la seguridad de que en otros campos su vida no va a cambiar, lo cual asusta mucho a los niños.

Los padres les insistirán al máximo que les siguen queriendo mucho, y que ellos no tienen culpa de nada, y que el progenitor que no viva con ellos los podrá ver con frecuencia. Es muy importante liberarles de cualquier sentimiento de culpa.

Es muy importante hablar cuanto antes con los niños, pues lo peor para ellos es la incertidumbre, su imaginación es desbordante, sus miedos pueden deformar la realidad, y sus pensamientos les intranquilizan más que el conocimiento de la verdad contada por los dos o por uno de sus padres.

El contenido de la conversación será claro y preciso, pero no hay que entrar en detalles, sobre todo en aquellos que puedan perturbar al niño u ocasionarle problemas de afectividad.

Conviene plantearnos si compensa dar información que solo va a producir dolor. En la relación con los niños los adultos debemos tener la generosidad de callarnos, de silenciar aquello que nos gustaría gritar.

Habrá niños que reaccionen “metiéndose en si mismos” ante la separación y otros por el contrario se mostrarán más inquietos, intranquilos o agobiados, incluso rebeldes y agresivos. En cualquiera de los casos la actitud de los padres debe ser de comprensión y respeto en esa primera fase de sus manifestaciones. Posteriormente poco a poco, será conveniente que marquemos unas pautas de actuación familiar que les faciliten su proceso de adaptación a la nueva situación.

En ningún momento se debe desvalorizar al padre o a la madre, por mucho que estemos en contra de lo que hace. El niño no tiene que ver rencor, necesita sentir, que al menos uno de los adultos conserva la calma y el control necesarios para no ponerle en una situación extrema.. el niño no debe sentirse presionado en sus sentimientos ni en sus manifestaciones afectivas.

El niño debe sufrir los menos cambios posibles, conviene que sigan viviendo en la misma casa, en la mismo colegio, con sus mismos amigos, con un ritmo de vida muy parecido, que les permita conservar sus costumbres y todas aquellas rutinas que les dan seguridad.

Apenas pasará tiempo desde el momento en que les comuniquemos la separación y la marcha del padre o la madre de la casa. Ese momento es tremendamente difícil para todos, y cuanto antes suceda, menos sufrirán los niños. Una vez que el padre o la madre se hayan marchado, deberán seguirse las pautas que se hayan acordado entre la pareja. A los niños les resulta mucho más fácil adaptarse a normas fijas, por ejemplo: ver a su padre cada 15 días, que a pensar que quizá hoy se puede presentar a recogerme en el colegio, esto último les produce una gran intranquilidad.

Durante la semana lo mejor es que no les interrumpamos su funcionamiento habitual, porque les descentra mucho. Cualquier pauta, que sea fija.

Es deseable que los padres intenten llegar a acuerdos, aunque sean mínimos sobre la educación de los hijos. Nunca desautorizaremos al otro miembro de la pareja delante de los niños. En cualquier caso si uno de los dos miembros de la pareja lo hace bien, no es un drama que no coincidan en los acuerdos básicos de la educación de sus hijos.

Los niños son más coherentes que los adultos en éstos temas, por eso valoran más la actuación del adulto que actúe con más coherencia para ellos.

No se debe sobreproteger a los niños. Esta produce inseguridad, dificulta las relaciones sociales y les impide desarrollar sus recursos y las habilidades básicas que necesitarán a lo largo de su vida.

- Dra. Mª Isabel Navarro -
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