Dra. Mª Isabel Navarro


- Psicoterapia positiva -

Doctora en Medicina | Doctorado en Salud Comunitaria: “Psicología de la Salud” | Master en Gerontología y Salud
Psicoterapia Positiva / Psicoanálisis / Trastornos del Sueño / Hipnosis Clínica / Coach Personal (Entrenadora personal de vida)
     (Colegiado nº: 03030-7445)
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Las obsesiones y el desapego

La preocupación y la obsesión nos crean y nos mantienen tal lio en la cabeza que es imposible resolver ningún problema.

Cada vez que nos apegamos así a alguien o a algo nos separamos de nosotros mismos. Perdemos el contacto con nosotros mismos. Hipotecamos nuestra capacidad para pensar, sentir o actuar, dejamos de ocuparnos de nosotros mismos.

Obsesionarnos por alguien o por algo es terrible. ¿ Has visto alguna vez a alguien obsesionado por otra persona, o por un problema?, no puede hablar de otra cosa o pensar en otra cosa que no sea el objeto de su obsesión, y si no es así, les hablas, y aunque parece que te escuchan, no te están oyendo, su mente mientras esta dando vueltas y más vueltas a lo mismo. Cualquier cosa que le digas la relacionará con el objeto de su obsesión, aunque en realidad no tenga nada que ver con él. Dicen las mismas cosas una y otra vez, unas veces cambiando ligeramente las palabras y otras con las mismas exactamente. Nada de lo que puedas decirle puede hacerle parar, y si lo hace será momentaneo. Se pararía si pudiera, pero no puede, al menos en ese momento de máxima intensidad de la obsesión. Su problema y su obsesión no solo le molesta, sino que lo controla. Así es la descripción de los momentos culmen de la obsesión, pero ésta puede pasar por distintas graduaciones.

Esa obsesión nos genera una tremenda cantidad de ansiedad, y nos lleva en muchas ocasiones a hacer cosas que nos hieren. Y esa ansiedad es la sustancia de la que se alimentan la preocupación y la obsesión. Es un miedo terrible el que sentimos. Se puede adherir a nuestra mente y la deja paralizada para todo lo que no sean sus propósitos, que son una repetición interminable de los mismos pensamientos inútiles. Esas obsesiones nos empujan a conductas controladoras de todo tipo. No podemos pensar en nada que no sea seguir pendientes de las personas, de las cosas, de los problemas, o intentando que se vayan. Es el material del que está hecha la codependencia.

Quizá has estado alguna vez obsesionado con alguien o con algo. Alguien dice o hace algo. Te viene un pensamiento a la mente, algo te recuerda o te conecta con algo, en tu consciencia entra un problema, un miedo, una idea, y a partir de ahí comienzas los diálogos mentales, esos que parecen no tener fin, vueltas y vueltas, una y otra vez, estas agotada, y tu mente parece querer seguir en un juego sin fin, todas las que hemos pasado por esto sabemos muy bien de qué se trata.

Nos agota nuestra energía, no sabemos ni lo que sentimos, y no sabemos lo que tenemos que hacer.

Seguro que muchos de nosotros hemos tenido una razón justificada que nos hizo aprender a reaccionar de ésta forma, pero lo que es también cierto es que esto nos hace mucho daño.

Son variadísimas las razones por las que los codependientes tendemos a apegarnos a los problemas y a los demás. No importa que la preocupación no solucione nada, no importa que esos problemas en muchas ocasiones no tengan solución, no importa que estemos tan obsesionados que ni siquiera podamos leer un libro, ver una película o salir a dar un paseo. No importa que nuestros pensamientos sean un torbellino a causa de lo que pudo decir o no dijo otra persona, o a causa de lo que hizo, o no hizo, o a causa de lo que nos pudiera conectar con un problema, no importa ni siquiera que ese problema sea o no real, no importa que lo que estemos haciendo no ayude a nadie, y además nos dañe a nosotros y a otros, nos aferramos a ello y parece que no podamos soltarlo.

- Dra. Mª Isabel Navarro -
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